Septiembre '26 - Gonzalo Aloras Trío Spring Festival (Desafinado Club)

Gonzalo Aloras ha sabido forjar su identidad musical en la herencia de un territorio fértil. Rosarino, compositor, cantante, guitarrista, pianista y productor, su recorrido se expandió a través de colaboraciones con algunos de los nombres fundamentales de la música popular argentina. Integró la banda de Fito Páez, trabajó junto a Litto Nebbia y compartió proyectos y grabaciones con Charly García y Luis Alberto Spinetta, entre muchos otros. Pero esa genealogía nunca funcionó para él como una colección de credenciales: cada encuentro dejó una huella que, con el tiempo, volvió transformada. Inspirado en figuras que reconocía como maestros, Aloras convirtió la admiración en una búsqueda artística propia.
La misma encontró una atractiva escala el viernes 18 de septiembre en Desafinado Club, donde Aloras Spring Festival propuso la celebración de un repertorio que enlazó canciones propias con obras del rock nacional. La idea del encuentro estaba contenida en esa convivencia: encadenar canciones que nos acompañan y consolidan; que, también, pueblan nuestras soledades. Al fin, el concierto se trató de volver sobre clásicas composiciones propias e intercalar a ellas una sucesión de covers, desde un presente capaz de otorgarles otra resonancia.

Desde el comienzo, la cercanía terminó siendo parte sustancial de la experiencia. De la cama al living, podría adivinarse la intimidad perseguida por Aloras: un encuentro que, aun desplegado en el formato de power trío, conserva algo de reunión doméstica, de música compartida a corta distancia. Allí estuvieron Gabriel Lanatti en bajo y Lautaro Moriconi en batería, dos estupendos músicos de una joven camada que aportaron talento y energía a una formación donde, además, se hizo evidente una suerte de fusión generacional. Al comando de una sólida base, Aloras alternó piano, guitarra y voz, pasando de lo minimalista a una arquitectura más expansiva sin perder nunca la sensación de proximidad. El público supo cómo agradecer.
La paciente construcción de la canción constituyó uno de los núcleos de su modo de crear. Antes que el despliegue, pudimos disfrutar de la estructura medular: una composición que se erigió con cuidado para luego abrirse en vivo hacia otras posibilidades. La lucidez para componer y ejecutar por parte del rosarino (uno de más que llena de perlas nuestro rock nacional) quedó de manifiesto en los solos de guitarra y en los largos pasajes instrumentales de piano y teclado, momentos donde el vivo parecía detener su marcha para sumergirse en nuevas texturas. Allí aparecieron el deleite y la búsqueda, complementando la profundidad, la entrega, la herencia y un talento que no necesita exhibirse para hacerse evidente.

Durante más de dos horas de excelsa ejecución, la formación se movió con naturalidad entre ritmos e influencias diversas: del pop-rock al tango, del funk a la bossa y de allí hacia otras tradiciones que forman parte de su imaginario. El piano se convirtió, por momentos, en un terreno de juego: Aloras fue entrando y saliendo de las canciones, enlazando mundos, dejando que un pasaje condujera hacia otro. Algunas composiciones parecían contener la semilla de las siguientes, como si las canciones que cimentaron su camino continuaran retroalimentándose en escena a través de sus propios 'superhéroes' del rock, a propósito del noble gesto de mencionarlos, con nombre y apellido, uno a uno. Aloras es, ni más ni menos, otro gigante que vino después a iluminar el sendero. La música es de todos y es de nadie a la vez.
En el tránsito propuesto reapareció el vínculo con aquellos nombres tutelares —Fito Páez, Charly García, Luis Alberto Spinetta, Litto Nebbia—, pero ya no como figuras distantes de un panteón musical. Las referencias autorales dialogaron con el camino trazado por el propio anfitrión de la velada. El homenaje adquirió, así, una dimensión más íntima: honrar a quienes abrieron una senda sin dejar de caminarla con una voz propia. En sus versiones, la canción heredada deja de ser reliquia y recupera su condición de materia susceptible de adquirir otra textura cuando atraviesa su guitarra, su piano y su voz. Aloras brilló.

Escuchando algunas de sus gemas desperdigadas a lo largo y a lo ancho de una trayectoria que congrega discos como "Algo Vuela", "12" y "Digital", sencillo resulta comprender la concepción que atraviesa su obra por completo: la canción como un mapa de exploración permeable a influencias no tienen por qué cancelar una identidad, sino convivir dentro de ella. Por ello, los fragmentos de algunas composiciones que llamamos brújula en el trayecto profesional de Aloras parecen alumbrar a otras, como si las melodías se reconocieran entre sí. El gen de rock argentino, tan prolífico e inagotable, aparece, entonces, como una memoria que puede recorrerse e interrogarse nuevamente.
La noche tuvo, entre sus momentos más preciados, un instante de presente absoluto con el estreno de "Lo Mejor", nuevo adelanto de un material próximo a ser registrado. El adelanto abrió una ventana hacia lo que viene y reforzó una característica esencial de su recorrido: la capacidad de volver sobre lo conocido mientras el artista continúa buscando aquello que todavía no fue dicho. En paralelo, permanece la esencia de un músico independiente atento al cuidado de sus proyectos, a la edición de sus discos y al resguardo de un material concebido como parte indivisible de su identidad artística. Solista, sí; por abandono, difícilmente…

Hay, en última instancia, algo coherente y sustancial entre esta celebración primaveral y el momento que atraviesa Aloras. Sus diferentes experiencias —desde proyectos electrónicos hasta nuevas formaciones y conciertos de piano— revelan una inquietud constante por encontrarse consigo mismo: volver a las fuentes sin quedar detenido en ellas, reconocer las voces que abrieron el camino y transformarlas desde el presente. El Aloras Spring Festival encontró en esa tensión su verdadero sentido: una música que mira hacia atrás para seguir avanzando.
Y ese movimiento no se detiene. El próximo jueves 24 de septiembre, Aloras llevará esa misma búsqueda a un formato diferente con un show solo de piano en el Teatro El Círculo de Rosario. Después del pulso colectivo del power trío, será otra oportunidad para comprobar cuánto puede decir una canción cuando el espacio se reduce a lo esencial: un músico frente a su instrumento, las huellas de una tradición y todo aquello que todavía queda por descubrir.

SETLIST:
Primera Parte
POTPURRÍ DE PIANO: UNO / GRICEL / PASAJERA EN TRANCE / NUEVOS TRAPOS
IRAN / VAS A CUMPLIR FELIZ / LEO / FROM TEARS TO SEEDS / AMAR ES ÑO PRIMERO/ OTRO SOL
Segunda Parte:
POTPURRÍ DE PIANO: LLORANDO EN EL ESPEJO / AMBAR VIOLETA / GIROS / TRES AGUJAS
AVISAME / QUIEN QUIERA OIR QUE OIGA / ZOOM / LO MEJOR / EMOTIVAL / BOBBY BROWN / ALGO VUELA / HOMELOVE / FILOSOFÍA DISCO TIME / UN NIÑO NACE / CAMAFEO