FACTÓTUM

MAXIMILIANO CURCIO PRESENTA su segundo libro de fotografías

EDITADO POR GRÁFICA 12/50 en formato papel ilustración y digital. Disponible en tiendas y librerías selectas a partir de Julio 2022

MÁS DE TRESCIENTAS CINCUENTA IMÁGENES CUIDADOSAMENTE SELECCIONADAS Y CURADAS. Una obra de autor en edición limitada. Hacé tu pedido completando el siguiente formulario

Puede entenderse el presente trabajo fotográfico como una directa continuación de mi primer libro de fotografías, titulado EL ASOMBRO SE PARECE A UNA FOTOGRAFÍA. La concepción del título de aquel libro partió de un disparador mientras leía a un magno teórico de la imagen como John Berger, resultando sumamente inspirador un pasaje acerca de la obra del no menos impar Henri Cartier Bresson. Sendas mentes prodigiosas fueron el mecanismo de ignición para organizar mi catálogo personal. De aquella intención primera a la presente FACTÓTUM, puedo encontrar a ambos proyectos profundamente hermanados: sigo queriendo relatar mi historia de amor en imágenes con el mundo que me rodea. Dar a conocer mi faceta de fotógrafo autodidacta, siempre dispuesto a capturar instantes irrepetibles, que me conmueven en lo cotidiano. Es algo que continúa resultándome sumamente estimulante; de aquellos instantes extraigo la magia de todo acto contemplativo en su comunión creativa.

Me inspira profundamente el mundo a mi alrededor. Busco deconstruirlo, volverlo abstracto, inasible, intangible, difuso. Continúo permeable a todo lo que mi sensibilidad óptica pueda captar y mi nervio creativo disponerse a transformar. Construí, a través de estos relatos visuales que aquí se concatenan, mi propia cosmogonía. Cada foto es un viaje creativo, un navegar en alta mar. Porqué no un refugio, un hogar a salvo. Un hipnótico juego que entablo con el objeto observado. El propio pulso cronológico y el lugar en donde fueron tomadas las imágenes terminaron de dar forma conceptual a este mapa emotivo de fotografías y dibujos digitales. Imagino una escalera al cielo interminable, acaso hay paisajes que quisiéramos conservar para la eternidad. Ensayo retratos en las alturas, y no me refiero al espacio físico que me contiene. Habitamos otra dimensión. Allí las líneas paralelas se chocan. No hay absolutismos que no se debatan, tampoco en el acto creativo. 

Durante 2021, tuve la posibilidad de editar el libro EL ASOMBRO SE PARECE A UNA FOTOGRAFÍA, mediante el enorme desafío de concatenar casi trescientas imágenes, tomadas a lo largo de una década. El proceso de selección fue arduo, atravesó diversas etapas y en pocos meses el catálogo ya había encontrado su itinerario definitivo, incluyendo, también, dibujos digitales de mi autoría. Pensar en dichas imágenes como testimonio de un tiempo vivido, resultó una metáfora sumamente apropiada como paradigma del nuevo mundo que estamos viendo nacer ante nuestros ojos. Nuevas formas nacen, crecen y se reproducen. La post-iconoclastía que inauguró mi ópera prima como artista visual, entonces, puede entenderse como una declaración de intenciones. El disparador de apertura a mi trayectoria como fotógrafo publicado, mi huella digital identitaria. ¿Qué nos espera después de la ruptura del sentido de una imagen?

FACTÓTUM, su directa continuación, es mi apropiación del acto estético subversivo. Aquí podrán encontrar material que quedara fuera de aquel recorte sobre mi archivo original. También, producción nueva especialmente curada para la presente edición. ¿Cómo nace este proyecto? Responder a determinados interrogantes constituye mi laberinto creativo. Representa un mayúsculo desafío superarse, día a día, en el oficio, ofreciendo nuestra mejor versión. Escalando el monte más alto que hubiese, si hiciera falta...es el hambre que nos impulsa, solo por amor al arte nos expresamos estéticamente. Es nuestra misión en el mundo. Perseguir nuevos horizontes dentro de nuestro oficio va de la mano con la curiosidad, cualidad vital para seguir explorando mundos que nos conmuevan. Rebasando fronteras, indagando inquietudes, preguntándonos los motivos esenciales de toda mirada estética. Ese inconformismo es el que guía mi actividad artística, en búsqueda de la superación constante. Los límites son una mera ilusión.

Mi mirada jamás reposada captura todo aquello que pueda sensibilizarme. Luego, sobreviene la magia de todo ejercicio creativo. Vivo buscando transformar, sintetizar, comunicar, aquello que me conmueve. Allí comunico mi manera de relacionarme con los colores, las sombras proyectadas, las simetrías y los contrastes; con las posibilidades estéticas del blanco y negro, la deformación de los objetos y las geometrías; con los reflejos, los encuadres y las maravillas incomparables del arte fotográfico, capaz de detener el tiempo en un instante...todo forma parte de mi enfoque lúdico sobre las imágenes, intentado desentrañar el sentido oculto subyacente. Mi interés radica en bucear en lo abstracto o lo aparente. Me parece esencial, como artista visual y a la avidez que corresponde nuestro alimento estético, el hecho de poder movernos en esos límites poco claros entre la realidad capturada y la tergiversación de la imagen. Las percepciones que engañan y manipulan, están allí para interpelarnos. Hay una eterna disputa al respecto, ¿cuánto hay de verdad y cuánto de artificio?

La fotografía encierra, también, un gran truco, es el arte de todo prestidigitador...toda aquella materia de contemplación que muta bajo nuestra propia percepción está hecha de ilusiones. De alguna forma, a través de mis series fotográficas, narro mi manera de ver el mundo. Cada fotografía es una pintura emocional, ya se trate de paisajes emocionales o espacios arquitectónicos. Pueden abundar cielos, mares y bosques. Puedo perseguir formas de nubes, rastros en la arena, atardeceres sobre recortes urbanos. Quizás me llamen la atención otros retratos más abstractos. Es mi noche americana. Mi espacio privado. Aquel instante capturado. Tal magnitud implica el asombro como instrumento, un gran aliado en nuestro viaje creativo. Nos anima a no dejar de maravillarnos por lo resplandeciente que habita a nuestro alrededor. La vida cotidiana nos regala esos rituales mágicos, solo hay que estar atentos. Mientras el asombro y la inquietud creativa no nos abandonen, en tanto y en cuanto sigamos conservando esa sensibilidad -esa apertura, esa habilidad-, será extremadamente provechoso el fruto obtenido.

Todo lo que me conmueve estéticamente se resignifica bajo mi propio prisma. Es el tamiz por el que se conduce ese flujo, inconscientemente. Y elijo darlo al mundo, completamente responsable de ello. Es nuestra forma de ser y estar, a través de una imagen y sus múltiples sentidos. Intentamos, como comunicadores, otorgar cierta sensibilidad artística. Lo hacemos con la entrega, pasión, dedicación y responsabilidad de siempre. Me considero un testigo de toda esta naturaleza mutante que flota a mi alrededor. Podemos reproducir esa imagen hasta el infinito, condensar ese instante que perdurará en nuestra memoria. Resulta curioso catalogar la presente serie de imágenes en retrospectiva. Puedo ver mudar sus formas a toda velocidad. Son estas postales paganas las que me trajeron el perfume de aquel resplandor, desde entonces hasta hoy. Bienvenidos a mi polaroid de ordinaria locura.