Septiembre '26 - Diego Presa Trío: canciones que cruzan el río

Fotografías: Jimena A. Coltrinari
El pasado sábado, el salón de Club Social Cambalache estaba repleto. En el aire amable de San Telmo había algo de esperada reunión: Diego Presa, invitado por el dueto local Son Fuegas (conformado por Laura Colángelo y Analía Sirio) regresaba al escenario después de su última visita, en el mes de febrero, y lo hacía, nuevamente, acompañado por Juan Ravioli y Nahuel Roht, en un formato de tres guitarras que encontró en la intimidad su mejor forma de expresión.
Las canciones del prolífico cantautor uruguayo poseen una extraña cualidad: parecen conocer de antemano los lugares en donde calarán hondo. Quizá porque nacen de un paisaje —Montevideo, sus calles, sus silencios— pero no quedan atadas a él. Cruzan el río, llegan a Buenos Aires, se reconocen en otro barrio y vuelven a encontrar un sitio donde decirse; donde ser entonadas. En Cambalache, algunas de ellas parecían especialmente familiares, como si el barrio porteño fuera otra estación natural para una obra construida entre las dos orillas.
Presa es, ante todo, un artesano de canciones. Hay en su recorrido una exploración de géneros y formas, pero también una voluntad de preservar algo más difícil de definir: la canción como territorio propio, alejada de la urgencia de lo comercial. Su oficio de cantor se sostiene justamente en esa tensión entre lo noble de la hechura y lo frágil de la condición. Canta aquello que ha encontrado, aquello que ha perdido y aquello que todavía puede dar.

El desafío, en un concierto como el celebrado días atrás, implica resumir esa trayectoria y esas búsquedas en un conjunto necesariamente compacto de canciones. Y allí aparece el trío. Ravioli y Roht no ocupan el lugar de una banda que simplemente acompaña: sus guitarras aportan acordes, colores y complementos precisos; construyen alrededor de la siempre imponente voz de Presa un entramado de texturas que permite que cada canción conserve su identidad. Tres guitarras que, en lugar de multiplicar el sonido, parecen por momentos hallar la belleza de su esencia.
La sonoridad que atravesó la velada tuvo algo de criollo y algo de contemporáneo, pero sobre todo algo rioplatense. Como si las cuerdas pudieran unir aquello que el río geográficamente separa. Esa pertenencia no necesita ser proclamada: se percibe en las melodías, en las inflexiones de la voz y en una manera de entender la canción como espacio de encuentro. Cobra especial dimensión en Palo Pandolfo y Alfredo Zitarrosa: dignos homenajes.

En ese cruce, las composiciones recuperaron una de sus posibilidades más antiguas: viajar. Resurgir más o menos lejos de donde fueron, por vez primera, apenas esbozadas. Canciones que cruzan libres la ribera, porque navegar es preciso. Presa, quien retornó a Buenos Aires con motivo de la presentación de su nuevo álbum solista —titulado Otra visión del monte y registrado en el estudio La Cocina de Beti—, las canta con la sobriedad de quien conoce el oficio y también sus incertidumbres.
Hay algo de peregrino en ese cantor que avanza canción tras canción, atento a lo que encuentra en el camino. La memoria y el paisaje alimentan una obra que no parece buscar respuestas definitivas, sino lugares donde resonar. La voz se ofrece, un par de guitarras la rodean y un público se entrega a la escucha. En Cambalache, con la sala llena y el clima ameno, el encuentro fue también eso: una pausa compartida, lo justo y necesario para encender el rito.

Setlist:
MELODÍA SIMPLE
SANTOS LUGARES
EL FEDERAL Y LA CHALANA
OFICIO DE CANTOR
ULISES VUELVE A PARTIR
LA CANCIÓN QUIERE
EL ESPACIO