Octubre '26 - Escalandrum: Astor Piazzolla y la herencia como punto de partida

De la milonga al swing tanguero contemporáneo, entre el marcato y la síncopa, Escalandrum propone una experiencia musical en la que la tradición se convierte en impulso creativo. En el Teatro Ópera de La Plata, el sexteto volvió sobre la obra de Astor Piazzolla para poner en primer plano su vigencia y las posibilidades de transformación que todavía alberga. La presentación, dedicada a la memoria de Carlos Riganti (baterista referente del grupo Alas, fallecido el pasado viernes), encontró en el diálogo entre tango y jazz y el entrecruce de lenguajes una manera de celebrar una herencia que continúa proyectándose hacia el presente.
Continuar el legado de un músico que transformó para siempre la historia del tango implica afrontar una paradoja: cuanto más reconocible es su lenguaje, mayor resulta el desafío de preservarlo sin convertirlo en una fórmula. Escalandrum encuentra en la obra de Astor Piazzolla un territorio fértil para esa búsqueda. Liderado por el baterista Daniel «Pipi» Piazzolla, nieto del recordado compositor, el sexteto enlaza una historia familiar con una identidad sonora construida a lo largo de más de dos décadas de trabajo colectivo. Su aproximación al repertorio piazzolliano no pretende reproducir un modelo consagrado; busca explorar las posibilidades que permanecen abiertas dentro de esa herencia.
La dimensión de esa herencia se comprende mejor al recordar la magnitud de una obra que abarca alrededor de dos mil quinientas composiciones y que modificó los límites expresivos de la música popular argentina. Piazzolla fue un creador inconformista, caracterizado por el profesionalismo y la perseverancia con que defendió sus convicciones estéticas, incluso frente a la resistencia de los sectores más tradicionalistas del tango. Su búsqueda lo llevó a establecer puentes con otros universos musicales: con el Octeto Electrónico profundizó el acercamiento al rock y a las sonoridades contemporáneas, mientras que "Libertango", convertido en uno de sus hitos discográficos internacionales, contribuyó a abrirle las puertas de Europa. Su música trascendió las controversias de su época para adquirir una proyección que parece destinada a perdurar: una música para toda la eternidad.
Fundado en 1999, el grupo desarrolló una trayectoria propia a partir de la investigación musical, las composiciones originales y el diálogo entre diferentes lenguajes instrumentales. Su reconocimiento en la escena argentina e internacional no se explica únicamente por el apellido de su líder. Si el parentesco establece un vínculo singular con el universo de Astor, es la labor sostenida de sus integrantes la que transforma esa cercanía en una propuesta artística con personalidad propia. La pregunta que atraviesa su recorrido consiste en cómo prolongar la obra de un compositor que modificó las convenciones del tango sin quedar atrapado en su sombra. Para Escalandrum, la respuesta pasa por comprender qué hizo revolucionaria su música y continuar explorando los caminos que permitieron expandir las fronteras del género, lejos de la reproducción de las formaciones que Piazzolla concibió o de la conversión de sus partituras en reliquias.
La formación que nutre esta búsqueda está integrada por Daniel «Pipi» Piazzolla (batería y dirección), Nicolás Guerschberg (piano y arreglos), Mariano Sívori (contrabajo), Gustavo Musso (saxo alto y soprano), Damián Fogiel (saxo tenor) y Martín Pantyrer (clarinete bajo). La identidad del sexteto nace de la interacción entre estas voces instrumentales, capaces de construir una trama en la que la precisión rítmica, la libertad de improvisación y el trabajo colectivo se convierten en elementos inseparables. Cada músico aporta una perspectiva propia sin diluir la cohesión del conjunto, una condición fundamental para abordar un repertorio que exige tanto dominio técnico como sensibilidad interpretativa.
Su concepción del tango privilegia el diálogo entre la escritura y la improvisación. La formación instrumental se aparta de la instrumentación tradicional de una orquesta típica y habilita otras posibilidades rítmicas, tímbricas y expresivas. El género no desaparece en ese proceso: se transforma al entrar en contacto con el lenguaje jazzístico. El grupo trabaja sobre las tensiones, los contrastes dinámicos, las síncopas y las melodías características de Piazzolla, pero evita fijar cada interpretación en una reproducción exacta. En cambio, abre espacios para que los músicos interactúen, desarrollen motivos y modifiquen el recorrido de las piezas. El resultado conserva el dramatismo del tango mientras incorpora la libertad del jazz, en una dinámica donde la composición original funciona como punto de partida antes que como límite.
Esta búsqueda explica por qué Escalandrum trasciende el formato de una formación dedicada a homenajear al compositor. El sexteto cuenta con un repertorio propio y una discografía extensa, fruto de años de exploración, enriquecimiento y creación compartida. En este contexto, la modernidad no consiste en añadir novedades superficiales a una obra pasada, sino en mantener abiertos los procedimientos que hicieron de Piazzolla un permanente renovador: la combinación de tradiciones, la ruptura de convenciones, la búsqueda de nuevos timbres y la voluntad de conducir el tango hacia territorios inesperados.
Esta concepción de la música halla su correlato en la manera de trabajar del sexteto. La obra de Piazzolla exige precisión, conocimiento de sus estructuras y sensibilidad para comprender sus contrastes; la improvisación, a su vez, requiere escucha mutua y disposición para asumir riesgos. Cada integrante participa de una construcción compartida en la que el respeto por la composición convive con la libertad individual. Desde dicha dinámica, el legado de Astor se sostiene en el estudio, la práctica, la experimentación y la capacidad de una formación para establecer una relación propia con ese repertorio. La historia familiar aporta una dimensión emocional, pero es el trabajo musical el que convierte esa experiencia íntima en una expresión capaz de alcanzar a nuevos públicos.
Escalandrum demuestra que una tradición puede conservar su vitalidad precisamente porque no permanece inmóvil. La fidelidad al original exige conocimiento, escucha y una interpretación dispuesta a asumir riesgos sin perder de vista la identidad de aquello que interpreta. En ese equilibrio entre memoria y exploración reside la singularidad de su propuesta: el tango de Piazzolla no aparece como una herencia clausurada, sino como una música que todavía puede expandirse. El sexteto reconoce la dimensión transformadora de Astor y, al mismo tiempo, afirma su propia voz mediante la construcción de un lenguaje colectivo. La herencia se vuelve productiva cuando deja de ser una obligación de repetición y se transforma en una invitación a crear. Al volver sobre la música de Astor, Escalandrum no busca restituirla intacta a su tiempo de origen; procura mantener abiertos los caminos que el propio compositor se empeñó en explorar.
La contemporaneidad de Piazzolla no depende del simple paso de los años; preferiblemente, de la capacidad de una música para seguir generando adeptos. En el público que se congrega para escuchar esta propuesta también se reconoce otra forma de continuidad: el amor por el tango atraviesa generaciones y encontró, el pasado sábado, en el Teatro Ópera, un punto de encuentro entre quienes crecieron con aquellas composiciones y quienes se acercaron desde nuevas sensibilidades.

ACERCA DE "PIAZZOLLA '74"
En "Piazzolla 74", Escalandrum vuelve sobre una de las etapas más audaces de Astor Piazzolla para demostrar que su legado permanece abierto a nuevas lecturas. Grabado en vivo en el Teatro Colón, el álbum recupera el espíritu de dos trabajos fundamentales publicados en 1974, "Libertango" y "Reunión cumbre", este último fruto de su alianza creativa con el saxofonista estadounidense Gerry Mulligan. Bajo la dirección del nieto del compositor, el sexteto descubre en ese repertorio un territorio fértil para profundizar el diálogo entre tango y jazz, sin convertir la evocación en un ejercicio de nostalgia. Los arreglos de Nicolás Guerschberg renuevan las arquitecturas rítmicas y melódicas de las composiciones, mientras los vientos aportan nuevas texturas y el pulso instrumental preserva la tensión característica de aquella música. Así, Escalandrum no se limita a homenajear una obra decisiva: la reactiva desde una identidad propia, haciendo convivir la memoria de su potencia original con la libertad expresiva de una formación que ha convertido ese cruce de lenguajes en su sello distintivo.

Repertorio del concierto en Teatro Ópera:
DEUS XANGO / CIERRA TUS OJOS Y ESCUCHA / REMINISCENCIA / AÑOS DE SOLEDAD / NOVITANGO / MEDITANGO / VIOLENTANGO / ADIÓS NONINO